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Por Publicado el: 02/03/2023Categorías: En vivo

Crítica: Gustavo Sánchez dirige la Camerata Antonio Soler en el homenaje a Francisco Tomás y Valiente del 50º Ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música

Ocurrens sonus

Obras de Debussy, E. Rueda, Redmann, Pogolski, Almila, Satie y Rossner. Letty Stott, cornu romano; John Kenny, cárnix celta. Camerata Antonio Soler. Director: Gustavo Sánchez. Universidad Autónoma de Madrid. 50 Ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música. Auditorio Nacional, 25 de febrero de 2023. Homenaje a Francisco Tomás y Valiente.

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Homenaje Tomás y Valiente. 50 Ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música. CSIPM/UAM

“Ocurrens Sonus, ecos celtas y romanos”. Este es el título del último concierto programado por el Centro Superior de Investigación y Promoción de la Música de la Universidad Autónoma dentro de su ciclo de Grandes Autores e Intérpretes de la Música. Siete compositores se han dado cita en una sesión cerrada con un estreno absoluto, “Echoes of the Ancients”, firmado por el israelí Lior Rosner, un experto creador de música de cine. La obra quería recordar la memoria del profesor Francisco Tomás y Valiente, asesinado por ETA en febrero de 1996.

Se trata de un Concertino para cárnix celta y cornu romano, dos instrumentos milenarios con los que se trata de evocar sonoridades perdidas hace más de mil años. El primero es una especie de trompeta de bronce suspendida verticalmente y con la campana en forma de cabeza de jabalí que al parecer se utilizaba en las batallas para intimidar al enemigo. Algo que hoy nos perece muy pueril. El segundo, cornum en latín, traducido a veces como tuba curva, nos recuerda a una trompa sin pistones de 3 metros de longitud y con forma de G. Lo utilizaban los romanos para comunicar las órdenes a las tropas en batalla. Ambos muy bien manejados por dos excelentes especialistas como John Kenny y Letty Shott, respectivamente. A base del juego de los labios.

La composición de Rosner se divide en tres partes, cada una de ellas encabezada por un breve poema en inglés de James Lorick. Está construida, si se pueda hablar así, con una técnica muy cinematográfica, terreno en el que se mueve estupendamente su creador; como una suerte de colección o desfile de imágenes. Se escuchan motivos repetidos. Todo nace en un etéreo arranque en el que se escucha la voz de los violines. El segundo episodio tiene algo de cinegético. Una singular melodía es repetida por el tutti y el cornu. Todo queda en suspenso para el final, en donde aparece una figura rítmica repetida en un ilustrativo crescendo.

La sesión se abrió con 3 “Epígrafes antiguos” de Debussy en arreglo de Mateo Soto. Siguió con La “Serenata para cornu y orquesta de cuerda” de Enrique Rueda, un intento, en palabras de su autor, de envolver la enorme dulzura del sonido solista, tan misteriosamente poético, con el de las cuerdas tradicionales. Por momentos creemos percibir un grato aire bartokiano. Compases de marcha acelerada, “ostinati” y trabajo “sul ponticello” conducen a un cierre suave y evocador sobre el que planea el timbre del instrumento solista, tocado con gracia por Letty Stott. Volvió la artista para enfrentarse, al final de la primera parte, al “Ritual para cornu y orquesta de cuerda” de Mark Pogolski, que dibuja un pedal para la poética entrada de la solista. Sobre un paisaje lunar suenan “pizzicati” en medio de la evocación de los rituales de los antiguos romanos

Más interesante nos pareció el “Cryptic Concerto” de Bernd Redmann con el cárnix como protagonista. Previamente, el solista, Kenny, se lució en una exhibición demostrativa en el patio de butacas. Y tocó, ya con el pabellón sobre el atril, divinamente, la refinada partitura, de técnica puntillista, poblada de silencios y aire danzable a lo largo de un discurso plagado de obsesivas aceleraciones. Se quiere ilustrar, en palabras del autor, “la memoria mística de un tiempo lejano gana un nuevo futuro en un concierto críptico”. En la “Barcarola” de Atso Almila se exploran todas las posibilidades del cárnix. Asistimos a una visión sonora “de un viejo navío navegando con sus remos entre la niebla y con el solista advirtiendo de que el barco llega a cuantos se encuentran próximos”. Observamos ciertos efectos de un diluido minimalismo en medio de atrayentes efectos tímbricos y de pasajeras frases de un melodismo esencial. Antes de la obra de Rosner se escuchó la “Gymnopedie nº 1” de Satie, en versión de Ginés M. Vera.

Para que todo funcionara correctamente se contaba con la profesionalidad, el buen oficio y el buen y atento hacer de la Camerata Antonio Soler, algo reforzada para la ocasión, que tocó afinada y expresivamente bajo el mando seguro, la batuta clara, con los precisos subrayados, los compases bien medidos, de su titular, Gustavo Sánchez, que controló con pericia y elegancia un programa que se tocaba por primera vez. Mención especial para el atareado percusionista Pablo Sánchez. Hubo dos bises: otro arreglo, este del famoso himno universitario “Gaudeamus Igitur”, debido a Redman, perfectamente hilado y tímbricamente atractivo, y una repetición del segundo movimiento de la obra de Rosner. Arturo Reverter

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